Continuando con el legado Huari, Tacaynamo instala la capital del entonces Reino Chimor, erigiendo la ciudad en adobe más grande de América que caería ante los Incas en el reinado de Minchancaman: Chan Chan, tributo a Jiang (Chan), el Sol, deidad rectora de la cosmovisión Chimú.

La costa norte de Perú es un compendio impresionante de complejos arqueológicos de culturas semilla del mundo Inca.

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¿Qué había en las mentes, corazones y manos de estas civilizaciones capaces de soñar, sentir y crear en grande?

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El hombre moderno ha olvidado su auténtico sentido de grandeza. Es verdad que estamos programados para “soñar en grande”… ambiciones  descomunales que se estrechan cuando pasan por el embudo de nuestras necesidades contemporáneas, las cuales no alcanzan a proyectarse en la lejana cima colectiva del tiempo, sino que a tropiezos llegan a cristalizarse como efímeras satisfacciones personales.

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Para quienes disfrutamos construyendo castillos en la arena, y tarde o temprano vemos nuestra obra derretida en el infinito océano, Chan Chan puede ser una importante lección de Vida: ciudadela milenaria construida en barro, viva a través de los siglos, legado vivo de una tradición que nos enseña lugares que son un auténtico portal invitando a viajar por el pasado.

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En Chan Chan alcancé a percibir un chispazo de lo que otrora fue una actitud cotidiana: la fuerte noción de mirar hacia el futuro.

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Visitar Chan Chan ha sido recoger el hilo del tiempo desde cada huella impresa en el sendero de la historia, hasta el corazón mismo del núcleo humano que erigió esta maravillosa ciudadela de palacios de barro.

CA

pd: y que quizá los colores que mejor conocieron fueron los prestados de la tierra, del mar y del cielo.