Comenzar la jornada saludando a la India Catalina fue una excelente decisión porque el sol estuvo en el ángulo exacto en el instante del clic.
Cartagena de Indias es una experiencia ancestral, mágica, inspiradora, serena; atributos que hablan de una ciudad imposible de definir con palabras.
Encuadré la escena con el speedlite estratégicamente direccionado esperando que algo sucediera y vaya sorpresa al revisar la toma y encontrar la gigantesca sombra del ciclista proyectada en la pared.
Café del Mar: frutos del mar, buena cerveza, música y brisa marina cargada de nocturna vitalidad.
Bernardo Angulo restaura el pasado en su mente a través de la lectura, pacientemente, todos los días del año en su tienda de artesanías, espantando el calor con su “abanico” de más de 30 años que funciona como si estuviera recién desempacado.
Una de las experiencias que me agrada vivir en tierra caliente, es cenar al aire libre, sentir la brisa acompañando la velada. La consulta al oráculo de viajes muy acertadamente me guió hacia Pizza en el Parque, atendido la risueña versión caribe de “La Joven de la Perla” de Vermeer.
Retratos a blanco y negro de personalidades de la música llenan las altas paredes del Havana Café. De tan solo estar allí, me sentí feliz y comprendí que la afirmación “es el mejor lugar de Colombia”, del filósofo Álvaro Bolívar, no fue exageración.
“No sé por qué no hay mujeres que se llamen “Cartagena”, excepto en alguna novela producto de mi imaginación.”
Pescador recogiendo sus redes al ritmo del atardecer en la playa de Blas el Teso.
“Por algún motivo que prefiero conservar en el misterio, el mar hace que mi conciencia se sienta impulsada a navegar en sus orígenes…”
septiembre 2012