Rodando por las viejas y renovadas calles de Ciudad de Panamá en un día festivo me encontré con uno de esos rincones especiales que invitan a quedarse.
En medio de lo que alcancé a percibir como unos compases de Charlie Parker, la brisa marina, la charla relajada y una limonada helada, pasaron los minutos mientras intentaba encontrar el norte magnético.
Y Ella, que es como el viento, eleva su pensamiento en la noche fresca...
La Rosa de Los Vientos es parada obligatoria para quien quiera afianzar su rumbo.
Interesante pensar que algunos pocos abuelos actuales y casi todos los bisabuelos panameños... fueron colombianos. Quizá lucieron algunos de los sombreros de Victor, pero con toda seguridad sabemos que hoy abren y cierran esclusas en nombre de otra bandera. Extraño el valor de las fronteras que desde el aire se desvanecen...
Mi percepción de esta zona fue variada: me supo a caribe, a colonia, a Cartagena, a Cuba pero sin son, a Estados Unidos, a long play.
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